Sólo aquellos (as) que deciden hacer del emprendimiento su proyecto de vida, saben y experimentan los obstáculos y sinsabores a la hora de sacar adelante un proyecto. No obstante, la satisfacción del proceso y el aprendizaje que este conlleva son lo suficientemente grandes como para seguir en la lucha.
Tomado de Blogs Revista Semana.
El verdadero emprendedor sabe que su principal enemigo está en su interior. Son sus temores, sus inseguridades, su falta de confianza en si mismo lo que pueden llevarlo a perder la fe en su emprendimiento. Seguramente esos momentos en los que las cosas no salen como han sido planeadas, los recursos no llegan, las personas en quien confió se “bajan del bus” son instantes de incertidumbre, de duda. Por eso es importante tener claro lo que se quiere y para donde se está caminando. Quizás lo más difícil sea eso, tener claridad, lo demás, cuando se tiene la convicción, necesariamente llega.
El oficio de emprender no es fácil, pero tampoco es imposible. Cuando se toma la firme decisión de ser un emprendedor de tiempo completo no basta con tener arrojo y voluntad; es necesario capacitarse, asesorarse, rodearse también de emprendedores, de gente que hable su mismo idioma, no de esos individuos pesimistas, con alma de perdedores, cuya máxima aspiración es conseguir un empleo “bien pago” que les dé algo de aparente “seguridad”.
Quienes inician este viaje sin retorno saben que al principio se paga la novatada. No se tiene experiencia en la negociación, la relación con los proveedores es compleja, liderar un equipo en ocasiones es una tarea titánica, tocar y tocar puertas a veces resulta desgastante y frustrante. La clave estriba en no desfallecer, la automotivación es fundamental, mirar siempre lo positivo de los hechos, ser consciente que se trata de un aprendizaje continuo.
Una vez el emprendedor vence sus propios miedos, se hace imbatible. Su mente esta trabajando constantemente en la búsqueda de nuevas oportunidades, en la creación de estrategias. El emprendedor es parte de una “raza” especial, es un guerrero de la vida, un amante y apasionado por lo que hace, lo motiva la independencia, lo ilusiona la promesa de libertad.
Lo más importante de escoger el camino del emprendimiento no es el dinero, es el conocimiento, es la experiencia adquirida. Eso no tiene precio. Un emprendedor sabe que si se “quiebra” se puede volver a levantar fácilmente una y otra vez, no le tiene miedo al “fracaso”, lo enfrenta, lo reta. Lo importante realmente es el aporte hecho a la familia, a la comunidad, al país. El emprendedor que aprende las lecciones se vuelve responsable, se convierte en una mejor persona.
Por eso es que vale la pena emprender. Porque es bueno probarse, medírsele al reto de la vida, crear, innovar, ser productivos. En últimas la tarea de un emprendedor nunca termina, es un oficio permanente, culmina una empresa y ya está pensando en la otra, o por lo menos en buscar su crecimiento, su expansión.
Lo mejor de todo es que el emprendedor no escatima a la hora de compartir sus conocimientos, su experiencia. Hace parte de la filosofía de vida de estos individuos ayudar a sus pares, a quienes están empezando a recorrer el camino hacia la libertad. Ese es su legado, ese es el OFICIO DE EMPRENDER.
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